Estaciones
para una provincia:
Hubo un tiempo en que a Zamora llegó el progreso de la mano del
ferrocarril y a bordo de una vieja locomotora. Fue un 20 de marzo de
1864, y esa fecha marcaría el inicio de una nueva serie de acontecimientos
de especial relevancia para las comunicaciones por via férrea
de esta provincia que, pasados los años y desde la perspectiva
actual, se vuelven asombrosamente contradictorios si tenemos en cuenta
el cierre de la línea Palazuelo-Astorga decidido en 1985.
Pero por entonces todo auguraba un buen futuro al tren. La primera línea
que comunicó a Zamora fue la de Medina; posteriormente, y en
ese mismo año de 1864, se aprobaba por Real Decreto la concesión
del ferrocarril que uniría esta ciudad con Galicia. Todavía
el siglo XIX traería buenas noticias para estas tierras cuando
en 1878 se concedía la línea Zamora-Astorga y, ya en 1927,
los zamoranos del oeste de la provincia comienzan a ver con sus propios
ojos el inicio de los trabajos de replanteo de la nueva línea
Zamora-Puebla de Sanabria.
A partir de entonces las nuevas estaciones que jalonan esta línea
empiezan a ser construidas y, por cierto, con unas características
arquitectónicas muy acordes con el entorno. Estaciones "de
montaña" fueron denominadas algunas de ellas, levantadas
con grandes fachadas de piedra, y con su propio jardín, diseñado
por el famoso jardinero mayor de Madrid, Cecilio Rodríguez.
Sin duda se trataban de bellos edificios, como aún podemos apreciar
hoy en día y lo mismo puede decirse de los grandes viaductos
que se levantaron a lo largo de la línea, alguno de los cuales,
como el de Martín Gil, de gran audacia constructiva para su época,
que incluso soportó un huracán en el año 1940.
En los años 30 ya estaban todas construidas las estaciones, a
excepción de la nueva estación de Zamora, un edificio
de grandes proporciones que había de servir de enlace a las dos
líneas que cruzaban la provincia.
Sin embargo, la situacion actual que atraviesa la mayoría resulta
lamentable, abandonadas y sometidas a las inclemencias del tiempo y
sin utilidad alguna que ayude a mantenerlas en pie. Su propietaria,
Adif, no tiene decidido su futuro, lo que hace aún mas difícil
que se mantengan en pie durante mucho más tiempo.
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